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Huipil, tradición de niñez y vida

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Huipil proviene del náhuatl “huipilli” que significa blusa o vestido y es el vestido típico de la mujer amuzga de Guerrero. Sin duda alguna, algo de lo que tienen que enorgullecerse los guerrerenses es de sus artesanías y de la gran belleza y calidad de ellas.

Además de dedicarse a las labores del hogar, y apoyar en el campo, las mujeres amuzgas se dedican a la elaboración del huipil. Huipil proviene del náhuatl “huipilli” que significa blusa o vestido adornado y es el vestido típico de la mujer amuzga de Guerrero. Sin duda alguna, algo de lo que tienen que enorgullecerse los guerrerenses es de sus artesanías y de la gran belleza y calidad de ellas. Y claro, esto no sería posible sin la refinada técnica y habilidad de sus artesanos. Una de estas artesanías es el huipil, prenda típica e icónica de la cultura amuzga. Pero lograr alcanzar la maestría de la técnica de la elaboración del huipil toma muchos años de práctica. Por ello las mujeres amuzgas deben empezar desde muy pequeñas.

Como en muchas comunidades indígenas del país, las mujeres amuzgas de Guerrero se dedican a las labores del hogar. El hombre y padre de familia se dedica a las labores del campo. Aunque en algunas épocas del año las mujeres acuden al campo para realizar actividades complementarias como preparar la tierra y cosechar.

Además de dedicarse a las labores del hogar, y apoyar en el campo, las mujeres amuzgas se dedican a la elaboración del huipil. Huipil proviene del náhuatl “huipilli” que significa blusa o vestido adornado y es el vestido típico de la mujer amuzga de Guerrero.

Para la elaboración del huipil, las mujeres  necesitan alcanzar un alto grado de destreza y maestría en el arte textil. Por ello, es necesario que comiencen a aprender desde muy pequeñas.

Pero para poder transmitir este bonito arte, es necesario que la niña presente interés por el arte de la elaboración del huipil. Si es así, será la madre la que la introduzca en este arte. Situación que creará una relación maestra-alumna, pero que al mismo tiempo estrechará la relación madre-hija.

Observación y el juego

Para que la niña comience a aprender las destrezas que requiere la elaboración del huipil, tiene que comenzar por observar a su madre. Regularmente es entre los 6 y 7 años cuando las niñas comienzan a presentar interés. Las niñas observan a su mamá tejer por horas y horas y comienzan a tener curiosidad y preguntar sobre elaboración del huipil.

Antes de adquirir las destrezas para la elaboración del huipil, es importante conocer la materia prima. Las niñas comienzan por ayudar a su mamá a despepitar el “coyuchi” (algodón). Los amuzgos llaman “coyuchi” al algodón por su color café parecido al del coyote. Mediante esta práctica las niñas se familiarizan con las propiedades y características del algodón. Conocimiento muy útil que pondrán en práctica en la elaboración de la prenda.

Como en cualquier proceso de aprendizaje en un niño, la dinámica es el juego. Las niñas amuzgas comienzan a adquirir las habilidades en la elaboración del huipil mediante el juego. Para ello es necesario que el padre de la pequeña construya un pequeño telar para la niña. En un principio no se intentará la elaboración del huipil si no de pequeñas piezas de telas con diseño sencillos. Entonces comienzan por practicar diseños muy fáciles, como el de “cola de tortuga” o “cucaracha de agua” que se asemeja a un rombo. Estas piezas de tela serán utilizadas en el hogar como servilletas para las tortillas.

La guía de la madre es la clave

No existe un tiempo establecido para que la niña termine el producto, pues dependerá del tiempo que ella quiera dedicarle. En un principio la pequeña aprendiz tardará mucho, pues las destrezas para la elaboración del huipil las ira adquiriendo de poco en poco. La madre supervisa todo el tiempo el desarrollo de la niña, instruyéndola en todo momento hasta que la pequeña logra memorizar el proceso.

Luego de algunos años y de muchísima práctica, entre los 11 y 12 años la niña esta lista para comenzar con la elaboración del huipil. La pequeña deberá aprender muy bien las destrezas de: el corte de los paños, las puntadas para la unión, como unirlos y el acabado del producto. Las servilletas y los manteles llevan un fleco alrededor, que se hace anudando los hilos sobrantes del textil. Para practicar el acabado, la niña ayuda elaborando los flecos de las piezas terminadas por la mamá.

El aprendizaje fuera del hogar

En un principio es la madre la que selecciona el diseño que tendrá la elaboración del huipil. Pero una vez que la niña logra refinar su habilidad, comenzará a aprender por sí misma técnicas y diseños más complicados. Para ello consultará con otras mujeres de la familia o de la comunidad, intercambiando técnicas y diseños y enriqueciendo el arte de este bonito oficio.

Dentro de la comunidad amuzga de Guerrero existen especialistas en la elaboración del huipil. A estas maestras acuden las mujeres, una vez que han logrado dominar el arte de la elaboración del huipil. Entonces la madre deja de ser la maestra y la joven pasa a llevar una instrucción más especializada. La maestra entonces, enseñará diseños más complejos y técnicas más especializadas como el tinte natura. Además estimulará a la alumna a aportar nuevas técnicas, perfeccionar estilos, y sobre todo crear nuevos diseño y piezas artesanales.

El huipil es entonces, no solo una indumentaria, sino una expresión de toda una cultura. Es el reflejo del gran trabajo y destreza de estas grandes artesanas. La elaboración del huipil cumple con el objetivo de distinguir a las personas, su origen y su pertenencia a una comunidad en específico. El tipo de diseños, colores y materiales utilizados en la elaboración del huipil, son pues, características que identifican a las mujeres amuzgas como miembros de una comunidad.

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